martes, 30 de agosto de 2016

Sujeta la tierra la amapola



Sujeta la tierra la amapola
la rosa salvaje
los robles
árboles poblados de alas y trinos
de alas y trinos que caen a los oídos


Sujeta la tierra raíces
esporas y polen
estibajes 
corazones andantes
caminos en la cubierta
de la nave                                  
                                         
Avanza la tierra
con sus remos
vegetales y animales

También piensa la tierra
a Heráclito
a Parménides
movilidad y quietud
en la misma esfera del valle
de las colinas
de otro valle
dentro del valle
quietas ovejas
 como piedras blancas

El aire baila con las esquilas de las vacas
me agarra
y me hace bailar con la hierba
la sinfonía de aquel músico
que todo lo escuchaba
y luego lo escribía
en el pentagrama


                                                                            Txefe Martínez Aristín

viernes, 13 de mayo de 2016

El parque de las fieras

Pasear por el parque en mayo es entrar en una luz de sugerencias visuales. El cielo de ojos azules parpadea constantemente a través de las membranas movibles de los árboles. Oscila la luminosidad sencillos parlamentos juguetones caminando por los suelos claroscuros.
Los pajaritos abrazan muchas artes e intervienen, con su ciencia politécnica aprendida en el invierno, en los asuntos de los paseantes con sus opiniones peregrinas.
Un aburrido domingo por la tarde los niños chillaban como los propios ángeles, con voces claras y vibrantes. Yo no los veía, los grandes setos los tapaban. Me acerqué al gran estanque, les vi tirar cosas indistinguibles por la distancia, bultos de tamaño distinto. 
Al acercarme comprobé que eran partes cortadas de cuerpos las que tiraban a los cisnes. Los padres sacaban de las bolsas de plástico que habían traído de casa, manos, brazos, piernas y dedos. Se los daban a los niños. Sus criaturas.
Cuando los cisnes alargaban sus picos y cogían las cabezas que les lanzaban, un silencio curioso y tenso se producía. El cuello flexible de los cisnes se hinchaba. Era el momento estrella.
Todos aguantábamos la respiración mientras veíamos el bulto tragado, descendiendo por sus largos y bellos cuellos.

                                                                          José Félix Martínez Aristín



miércoles, 20 de abril de 2016

Volar

¡Esta niña parece tonta!. ¡Está siempre en las nubes!. Esa niña era yo, y sí, estaba siempre mirando hacia arriba, aunque no exactamente a las nubes sino a los árboles, en busca de sus habitantes, los pájaros. Yo era una niña de ciudad así que mis conocimientos de ornitología se centraban en patos, gorriones y palomas. Pero cuando el tiempo lo permitía la familia salía de excursión, al campo. Recuerdo a mi padre con los prismáticos y una escopeta cargada de perdigones, pero que no cunda el pánico, nunca le vi disparar a ningún pájaro, mi hermano mayor y él se dedicaban a tirar a las ramas de los árboles y yo, mientras tanto, miraba hacia arriba y escuchaba atentamente. Siempre creí que el juego favorito de los pájaros era el escondite y que me necesitaban a mí para divertirse, porque mira que es difícil descubrirlos aunque estén justo cantando sobre ti. Pensaba entonces que se reían un poco a mi costa. A veces le pedía los prismáticos a mi padre, que me los dejaba en contadas ocasiones y por un tiempo mísero. Sin embargo, mi hermano el mayor tenía el privilegio hasta de llevarlos encima. Parece mentira, pero un objeto como aquel en aquellos años se consideraba más masculino, así que a fastidiarse.
Cuento todo esto porque estos días he estado imbuida en la lectura de Volar de Henry D. Thoreau. En mi tierna juventud había leído Walden o la vida en los bosques, un libro de culto por aquel entonces. Volar es una recopilación de diferentes diarios  de Thoreau sobre las aves, escritos desde 1837 hasta 1861. Su escritura es ágil y cercana. En ningún momento sientes que la sabiduría de este hombre caiga sobre ti como una losa, sino mas bien te va arropando poco a poco como si fuera una ligera manta hecha de plumas de diferentes pájaros. Todos ellos tienen nombre y apellido. Es decir no existen los gorriones en general sino el gorrión corona blanca, el gorrión garganta negra o el gorrión zorro. Con las golondrinas lo mismo; golondrina andorina, golondrina púrpura, etc. Por sus páginas desfilan cientos de aves: arrendajos grises, carboneros cabecinegros, esmerejones, barnaclas, tordos sargentos, tiranos orientales, jilgueros, rascadores zarceros, pardillos sicerines... Pocas veces utiliza sus nombres científicos, cosa de agradecer. Juega a traducir los sonidos de los diferentes habitantes alados del bosque:  ju-juu, ju-re-ju, jau-der-du, buju-buju. Hay recuerdos para los pieles rojas, añora las praderas que imagina salvajes y a sus antiguos   habitantes, frente  a la mansedumbre del paisaje rural colonizado que ahora contemplan sus ojos, porque como él dice lo que llamamos salvajismo no es mas que una civilización distinta de la nuestra, incluso hay un recuerdo cariñoso para Sancho Panza como filósofo, sabio y estúpido a la vez.
Espera siempre con anhelo la llegada de la primavera porque el invierno se lleva con él los trinos. El canto del azulejo o el croar de las ranas le dicen que ya ha llegado. Para él la vida del hombre parece lenta y enclenque-reptiniana- cuando se la compara con la de las aves.
A veces me recuerda a Whitman (contemporáneo suyo) con esa poética vital y exaltada sobre la tierra norteamericana, solo que en Thoreau toma calma y se transforma en observación placentera y real.
La poesía del movimiento no consiste en preferir un lugar por encima del otro, sino en disfrutar de cada lugar mientras eso sea posible y con la mayor elegancia... Quiero transcender mi rutina diaria y obligarme a ser un cazador de lo bello.
Curiosamente él también carece de  unos prismáticos como yo cuando era niña y los consigue dando muestra de su forma de afrontar la vida Me compro muy pocas cosas, y solo cuando ha pasado largo tiempo desde que  he empezado a necesitarlas, así que cuando por fin las obtengo, estoy predispuesto a usarlas de la forma más idónea para obtener de ellas todo su dulzor. Igualito, igualito que el hombre contemporáneo. ¡Qué gran lección!. En fin una joyita de libro. Voy por la calle escuchando y mirando con mucha más atención, y llevo conmigo unos pequeños binoculares para seguir jugando al escondite con los pájaros. Pero cuidado, también ellos comen y se comen a veces entre ellos; menos mal que está Hitchcock para recordarme que aun entre tanta poesía y belleza siempre asoma un ala negra que puede nublar el cielo con su rapiña.

Termino con una frase de Kierkegaard sacada del prólogo de este libro:
Así hay que mirar exactamente a los pájaros, no con los sentidos divididos y el pensamiento distraído, sino con la atención reconcentrada y recapacitando, y de ser posible, con asombro.











miércoles, 13 de abril de 2016

Los dinosaurios contra la degradación de la tierra


Dicen que los traslados son una de las mayores causas de estrés,  y yo doy fe de ello, ya que hace poco he tenido que trasladarme de un piso grande a otro pequeño con lo que he tenido que hacer una gran "selección natural" (en la que no me ha ayudado Darwin) de objetos, enseres y cachivaches. Sin embargo he de decir que también ha habido sorpresas, por ejemplo el reencuentro con el libro de Michael Foreman que yo creía perdido. El pobre esta un poco descalabrado. Algunas hojas mantienen las manchas de puré de hace casi treinta años y es que es un libro que yo les leía a Adán y Lilah durante su infancia, y nunca nos cansábamos de él. Ya no hacía falta leerlo (nos lo sabíamos de memoria) mas bien lo interpretábamos y no se quien de los tres se lo pasaba mejor. Al leerlo hoy en día me doy cuenta que era un adelantado a su tiempo. Fue de los primeros libros-álbum que salieron en este país al comienzo de los años ochenta del siglo pasado. No entiendo como no lo vuelven a reeditar. Su mensaje de respeto a la naturaleza y su carga contra la prepotencia del ser humano está más vigente que nunca.


De pie sobre una colina, un hombre miraba una estrella...

domingo, 27 de marzo de 2016

Invítame a un viejo café

Invítame a un viejo café
donde el tiempo se rompa
en el cristal de las ventanas.

Invítame donde no haya televisión, ni música
que lleve los devotos ojos
a la abertura de sus imágenes.

Acaso sí, algo de jazz muy al fondo,
a ese donde echábamos piedras al pozo
y el aire elevaba aletas dorsales,
como ahora el saxo.

Invítame para recogerme
como tu llevas recogido el pelo
y háblame de los encajes
de las blondas, de las cintas
conque cubrimos engaños,
secretos, huecos asidos
a resentimientos a los que no renunciamos
para tener la sensación de estar vivos,
y que ahora volteas en este pliegue
que casualmente haces en el encuentro .

Invítame a los gérmenes de un contagio,
 un contacto inmediato
sin que medie entre los dos
la espera de los ojos,
mientras caen palabras que nunca nos dijimos.


                                                  Félix Martínez Aristín






miércoles, 20 de enero de 2016

CLIJ


CLIJ (Cuadernos de literatura infantil y juvenil) es una revista estupenda que lleva entre nosotros muchos años. El último número (269) corresponde a los meses de Enero y Febrero de este año. Hay muchos artículos de los que poder hablar dentro de la revista, pero me quedo con el de Teresa Colomer "¿Fueron felices y comieron perdices?" sobre los finales en los libros infantiles. A parte de estar muy bien escrito, es ameno (llegas al final sin darte cuenta) y te quedas con ganas de más.

Es un artículo del que puede disfrutar cualquiera pero que lo saborearán mejor aquellos que como yo se dediquen al oficio de contar. Os aconsejo su lectura.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Hasta siempre

Hoy se nos ha ido Carlos en su vuelo sin retorno. Hasta siempre Amigo.




Cuando muera, no me enterréis bajo los árboles de la pradera,
le temo a sus espinas.

Cuando muera, no me enterréis bajo los árboles del bosque,
le temo al agua que gotea.

Entiérrenme bajo los grandes árboles umbrosos del mercado,
allí donde se reúnen mis amigos a contar historias.

Quiero oír los tambores tocando,
quiero sentir los pies de los que bailan,
quiero vibrar con la risas de la gente,
pero sobre todo quiero seguir escuchando historias.



                                               Adaptación de Poema Kuba

lunes, 2 de marzo de 2015

Como el coloso de Rodas

Cuando oigo el ruido de las paredes
hablar con voces de piedra
presto atención a las redes
que mis sentidos echan al aire.

Puedo ver el arranque de una cola
blanca que huye como un ave
entre las horas de una costa desierta.

Puedo palpar la terquedad de un niño
que quiere al instante la serenidad
que solo los años traerá.

Cuando oigo todos los ruidos
que conforman lo que se llama
lunes, miércoles, domingo
y otros nombres puestos
para protegerme como las pestañas
a los ojos,
parpadean días buscando
las extremidades de mi cuerpo
para salir con su canto de fleco
a la intemperie sin costuras.

Sonidos, dicen algunos, que son adornos
y cantos de la piel donde los músculos
terminan en una voz.

Yo escucho en el borde de dos superficies
opuestas/ sin ser parte ni de una ni de otra.


                                                                José Félix Martínez Aristín

miércoles, 25 de febrero de 2015

Despedida

La librería La gusana cierra



Nos llevamos los bolsillos un poco vacíos, pero las manos llenas de nuev@s amig@s, de experiencias inolvidables, de la mirada única de los niñ@s, de vuestro cariño y fidelidad.

Para la familia y amig@s de siempre, nos faltan las palabras.

                   A tod@s gracias

martes, 16 de diciembre de 2014

Perro Negro

Levi Pinfol es un escritor- ilustrador que me encanta. Tenía ya su "Black dog" en inglés y por fin lo han traducido al castellano. Es de estos álbumes que no sabes bien si va dirigido a los niñ@s o a los adult@s. En cualquier caso yo me imagino a ambos bajo una manta calentita disfrutando este relato inquietante, y saboreando las ilustraciones que son de una riqueza y detalle extraordinario.